En el norte de Grecia, en Idomeni, 10 mil refugiados sobreviven en condiciones infrahumanas


RFI recogió los testimonios de migrantes atrapados entre Grecia y Macedonia después de que varios europeos cerraran sus fronteras. Se enfrentan a un dilema: pedir el asilo en un país en crisis, o esperar una hipotética apertura de la frontera. Varios pierden paciencia y cometen actos desesperados. (reportaje)

Raphaël Moran, enviado especial de RFI en Idomeni, frontera greco-macedonia.

En frente de la carpa de la ONG española Médicos en Acción, Nouchi, un sirio de 26 años, ayuda a los médicos y los pacientes con su talento de traductor. En el campamento de Idomeni, cerca de 10 mil migrantes, en su mayoría sirios, aunque también hay iraquíes y afganos, sobreviven desde hace un mes, durmiendo en tiendas de campaña en la frontera entre Grecia y Macedonia.

Duras condiciones de vida para los refugiados en Idomeni Las lluvias torrenciales y el viento helado hacen todavía más duras las condiciones de vida de estos refugiados que huyen de la guerra. El destino final de su odisea es casi siempre el mismo, “Alemania”, dice una madre de familia kurda que conversó con RFI en el campamento de refugiados de Idomeni. Esta señora de 60 años está sentada a unos metros de la doble valla de alambre de púas que el gobierno de Macedonia desplegó a finales de 2015, dos meses antes de cerrar definitivamente las puertas del país a los refugiados de Medio Oriente que llegan en masa a Europa. Ella nos confía: “Quiero decirle a Europa que abra las fronteras porque queremos escapar de la guerra. ¿Cómo podemos quedarnos aquí con niños y bebés? Antes de la guerra, teníamos una muy buena vida en Siria. Pero con la guerra, el riesgo de actos terroristas se volvió insoportable. En Turquía la vida es demasiado difícil, y además no somos bienvenidos en Turquía, el gobierno está en guerra contra los kurdos. Mi hermano está en Alemania, quiero estar con él.”

Su hijo cuenta el viacrucis que emprendieron hace dos meses: “Hemos pagado 1,500 euros por persona para salir de Turquía hasta la isla de Kios. Éramos 11 personas en un pequeño bote. Luego, nos trasladamos a Atenas. Fuimos a Tesalónica en tren antes de llegar a Polikastro”, la principal ciudad griega cerca de la frontera de Macedonia. Entre los refugiados, 4 mil son niños Decenas de familias, con cerca de 4 mil niños tratan de sobrevivir gracias a la ayuda de ONGs como Médicos Sin fronteras, Médicos del Mundo, Lightouse Relief. El estado está completamente ausente.

Marta, una enfermera española, constata que las condiciones higiénicas en el campamento se degradan. Todos los refugiados que acuden a verla“tienen una tos provocada por las fogatas que hacen para calentarse, y como no tienen leña suficiente, meten mantas o lo que encuentran y es muy irritante. Y todos los niños tienen diarrea y vómitos. La poca comida que tienen no es buena. Y hay infecciones porque no existen condiciones higiénicas ni medios decentes”. Un campamento cerca de las vías del ferrocarril El campamento de Idomeni surgió a lo largo de un ferrocarril de mercancías que conecta Grecia con Macedonia. Cada día, los refugiados se manifiestan en los rieles para exigir la reapertura de la frontera. Abdou, un sirio de 20 años que tiene la mano vendada, es uno de los más activos. Redacta carteles en inglés y habla con los periodistas. A mediados de marzo, la espera se volvió insoportable: “Quise cruzar el río fronterizo pero la policía de Macedonia nos agarró. Éramos alrededor de 200 personas. Fui detenido y devuelto inmediatamente a Grecia después de que me rompieran la mano. Pero algunos se quedaron encarcelados un día”, cuenta Abdou.

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